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La mundialmente aclamada autora de La casa en Mango Street nos brinda un relato profundamente conmovedor acerca de l. a. pérdida, el duelo y los angeles sanación: una fábula para adultos líricamente narrada y vívidamente ilustrada sobre una mujer que busca un gato extraviado tras los angeles muerte de su madre.
 
La palabra “huérfana” no parecería aplicarse a una mujer de cincuenta y tres años de edad. Sin embargo, así es exactamente cómo se siente Sandra al encontrarse sin madre, sola “como un guante abandonado en l. a. estación de autobuses”. Lo que pudiera salvarla es l. a. búsqueda de algo más que se ha perdido: María, l. a. gatita blanquinegra de su amiga, Rosi, que se largó el día en que ellas dos llegaron desde Tacoma. A medida que Sandra y Rosi peinan las calles de San Antonio—preguntando por todas partes y poniendo volantes—¿Has visto a María? hace gala de los angeles habilidad de esta querida autora de contar cuentos llenos de magia, en un relato que nos recuerda cómo el amor, aun cuando desaparece, no se pierde por siempre.

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Aleluya y amén! Bendito sea el reverendo Chavana —dijo Rosalinda. Pero cuando fuimos a ver, se trataba de un gatote macho de cara blanca y cuerpo negro. �Quién se hubiera imaginado que había tantos gatos de frac en el barrio? —Ay, querida —dijo Beverly—, cuánto lo siento —y abrazó a Rosalinda. Me dieron ganas de pedirle un abrazo también. l. a. noche olía a zorrillo y jazmín. Rosalinda dejó escapar un: —¡Piedad! Anduvimos y anduvimos y no dijimos nada, nuestras largas sombras siguiéndonos lentamente como si estuvieran cansadas. En una casa como un ojo morado, embrujada por enredaderas olvidadas, una camioneta se hundía bajo el peso de unos refrigeradores. Se abrió un rendija en los angeles puerta y una voz detrás del mosquitero roto dijo: —No puedo ayudarlas —y azotó l. a. puerta antes de que pudiéramos decir a qué veníamos. Una muchacha con un vestido de fiesta y mangas de tatuajes se bajó de su camioneta pickup y dijo que nos daría el número del dueño de los apartamentos para que pudiéramos buscar en el cobertizo de atrás. —Tengo su número telefónico bajo un imán en el refri. Ahorita vengo. Desapareció en ese edificio triste en South Presa, el que siempre tiene un foco encendido y las puertas de atrás y de adelante abiertas como un túnel de montaña. Pero nunca regresó y no supimos a qué puerta tocar. Alguien nos mandó con los angeles señora de los gatos en Pereida highway al otro lado de los angeles tienda family members buck, pero no había nadie en casa salvo as soon as gatos que se veían asustados cuando les preguntamos por María. En Wickes highway, mi amigo Craig salió en calzoncillos a cuadros, su pecho pálido con brotes de pelo cano, l. a. luz azul de las noticias en l. a. sala y el olor a chuletas fritas. —Estoy merendando, cariño. Luego vengo y las ayudo a buscar—. Pero luego vino y se fue y a él se le olvidó lo dicho. Consultamos con l. a. vecina sabia Blanca en Barbe road. —Pues, no he visto un gato exactamente, pero justo esta mañana soñé con una reja de hierro negra. �Significa algo para ustedes? Nos encogimos de hombros y le dimos las gracias. Las nubes oscuras iban a toda prisa. Las campanitas de viento repiquetearon. Los árboles sacudieron su desparpajada melena suelta. Rosalinda y yo acordamos separarnos y volver a encontrarnos en una hora, antes de que oscureciera demasiado y ya no pudiéramos ver. Rosalinda fue río arriba hacia el molino de harina. Yo fui río abajo hacia el granero great Tex y l. a. cervecería Lone megastar. El sol se ocultaba ya detrás de l. a. autopista. Las urracas que se congregaban en los árboles llamaban: —¿María? �María? �María? Le pregunté al río: —¿Has visto a María? El río dijo: —Mamita, lo que tú nombres, yo lo he visto. —¿Entonces los angeles has visto? —He visto de todo, corazón de melón. Todo, todo, todo, todo, todo… —continuó el río. —Pero no entiendo qué quieres decir. Había un algo en mi garganta. despatchedí como si me hubiera tragado una cuchara. Puse l. a. cara bajo el agua y lloré. El río dijo: —No llores, mami. Me llevaré tus lágrimas y las acarrearé hasta los angeles costa de Texas donde se mezclarán con las lágrimas saladas del Golfo de México, donde se arremolinarán con las aguas del Caribe, con el ancho mar llamado Sargazos, los caminos de agua del Atlántico, con las espirales y los remolinos alrededor del Cabo de Buena Esperanza, alrededor del sombrero llamado Patagonia, las aguas azules del Mar Negro y las aguas llenas de perlas alrededor de las islas de Japón, las corrientes de coral de Java, los ríos de varios continentes, el Egeo de los angeles leyenda de Homero, el portentoso Amazonas y el sabio Nilo, los ríos abuelo y abuela del Tigris y el Éufrates, el gran río madre el arenoso Yangtze, el danzante río Danubio y por los estrechos de los Dardanelos, a lo largo del lodoso Mekong y el soñoliento Ganges, aguas calientes como sopa y aguas frías para los dientes, aguas que arrastran a villas enteras, aguas que se llevan a los muertos y aguas que traen nueva vida, lo salado y lo dulce entremezclado con todo, todo, todo, todo.

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